Por: Mercedes Moya
El sector del comercio, del pequeño comercio, está muy mal, no es nada nuevo, todos lo sabemos.
Aunque todas las empresas se constituyen con ánimo de lucro, parece ser que existen algunas organizaciones cuya finalidad es realizar determinada labor social o benéfica, aunque rascando un poco se ha demostrado que pocas son las de verdad.
Pero altruismos aparte, ahora mismo, muchas de las empresas –me refiero sobre todo a las pequeñas-pareciera que están ahí manteniéndose así sin ánimo de lucro, algunas sosteniendo empleados que casi no pueden pagar ni despedir, y otras ya sin empleados.
Muchas trabajan sin ánimo de lucro, porque lucrarse , -ganar dinero-, son contadas con los dedos de una mano las que lo están consiguiendo, yo me aventuraría a decir que incluso hay infinidad de empresas que siguen abiertas aún “sin ánimo”, a juzgar por cómo pasan sus días vacías, apenas les entran los clientes que además demuestran no tener intención de comprar. Hay mucho paro, mucha gente deambulando, pero algunas tiendas siguen abiertas simplemente por inercia o porque no pueden mover ficha, no vaya a ser que se les caiga todo el dominó que en delicado equilibrio inestable van sosteniendo como pueden y acabe aplastándoles, definitivamente. Les paraliza el miedo y siguen manteniendo sobre sus hombros y sus cajas disminuidas a la mitad, día a día,- casi todas admiten que sus ventas se han reducido un 50% si no ha sido más-, mientras que el peso de los gastos e impuestos se han duplicado… otro pesado, penoso y espinoso tema, el de los impuestos cuyo lema parece ser “dar mucho para recibir nada”.
Como muestra un botón: el de bajar los cristales de mi coche, un coche que no puedo aparcar en la calle donde trabajo porque además de salirme caro aparcar al raso, me obligan a cambiarlo de zona cada dos horas, -si de zona, no de rayita en el suelo o de calle, no…DE ZONA, a mi y a todo el que venga a comprar con lo que los clientes aún se han reducido más a fuerza de estrés y de multas por doquier.
Sigo con el botón, se me ocurre bajarlo para recibir el aire fresco de la mañana, en el trayecto de mi casa a mi trabajo no hay servicio de autobuses eficaz así que si quiero trabajar y poder recoger a los niños en el colegio, tengo que tirar de coche y de plaza de garaje, cuando la calle donde trabajo tiene todos los aparcamientos vacíos.
Nada más la primera bocanada de aire es nauseabunda, es más bien un puñetazo en el estómago. El aire durante todo el trayecto huele a escombrera, a solar abandonado y el camino se encuentra jalonado por cadáveres en distinto grado de descomposición, meses y meses –aún es más nauseabundo si se trata de los meses de verano-, en los que los pobre animales : perros, gatos, zorros y alguno que queda tan destrozado que ni se sabe qué es, yacen y se descomponen día tras día sin que nadie los recoja. No es normal.
Esto parece una alegoría, esta ciudad y muchas como esta se está descomponiendo y nadie se preocupa ni ocupa de ello. Locales vacíos, calles sucias, contenedores rotos a rebosar, olor a descomposición. ¿Pueden que sean los efluvios de la sociedad del bienestar al evaporarse?
Pero altruismos aparte, ahora mismo, muchas de las empresas –me refiero sobre todo a las pequeñas-pareciera que están ahí manteniéndose así sin ánimo de lucro, algunas sosteniendo empleados que casi no pueden pagar ni despedir, y otras ya sin empleados.
Muchas trabajan sin ánimo de lucro, porque lucrarse , -ganar dinero-, son contadas con los dedos de una mano las que lo están consiguiendo, yo me aventuraría a decir que incluso hay infinidad de empresas que siguen abiertas aún “sin ánimo”, a juzgar por cómo pasan sus días vacías, apenas les entran los clientes que además demuestran no tener intención de comprar. Hay mucho paro, mucha gente deambulando, pero algunas tiendas siguen abiertas simplemente por inercia o porque no pueden mover ficha, no vaya a ser que se les caiga todo el dominó que en delicado equilibrio inestable van sosteniendo como pueden y acabe aplastándoles, definitivamente. Les paraliza el miedo y siguen manteniendo sobre sus hombros y sus cajas disminuidas a la mitad, día a día,- casi todas admiten que sus ventas se han reducido un 50% si no ha sido más-, mientras que el peso de los gastos e impuestos se han duplicado… otro pesado, penoso y espinoso tema, el de los impuestos cuyo lema parece ser “dar mucho para recibir nada”.




