viernes, 5 de septiembre de 2014

Sin ánimo de lucro, sin lucro y sin ánimo.


Por: Mercedes Moya  


El sector del comercio, del pequeño comercio, está muy mal, no es nada nuevo, todos lo sabemos. Aunque todas las empresas se constituyen con ánimo de lucro, parece ser que existen algunas organizaciones cuya finalidad es realizar determinada labor social o benéfica, aunque rascando un poco se ha demostrado que pocas son las de verdad.  Pero altruismos aparte, ahora mismo, muchas de las empresas –me refiero sobre todo a las pequeñas-pareciera que están ahí manteniéndose así sin ánimo de lucro, algunas sosteniendo empleados que casi no pueden pagar ni despedir, y otras ya sin empleados. Muchas trabajan sin ánimo de lucro, porque lucrarse , -ganar dinero-, son contadas con los dedos de una mano las que lo están consiguiendo, yo me aventuraría a decir que incluso hay infinidad de empresas que siguen abiertas aún “sin ánimo”, a juzgar por cómo pasan sus días vacías, apenas les entran los clientes que además demuestran no tener intención de comprar. Hay mucho paro, mucha gente deambulando, pero algunas tiendas siguen abiertas simplemente por inercia o porque no pueden mover ficha, no vaya a ser que se les caiga todo el dominó que en delicado equilibrio inestable van sosteniendo como pueden y acabe aplastándoles, definitivamente. Les paraliza el miedo y siguen manteniendo sobre sus hombros y sus cajas disminuidas a la mitad, día a día,- casi todas admiten que sus  ventas se han reducido un 50% si no ha sido más-, mientras que el peso de los gastos e impuestos  se han duplicado… otro pesado, penoso y espinoso tema, el de los impuestos cuyo lema parece ser “dar mucho para recibir nada”. Como muestra un botón: el de bajar los cristales de mi coche, un coche que no puedo aparcar en la calle donde trabajo porque además de salirme caro aparcar al raso, me obligan a cambiarlo de zona cada dos horas, -si de zona, no de rayita en el suelo o de calle, no…DE ZONA, a mi y a todo el que venga a comprar con lo que los clientes aún se han reducido más a fuerza de estrés y de multas por doquier. Sigo con el botón, se me ocurre bajarlo para recibir el aire fresco de la mañana, en el trayecto de mi casa a mi trabajo no hay  servicio de autobuses eficaz así que si quiero trabajar y poder recoger a los niños en el colegio, tengo que tirar de coche y de plaza de garaje,  cuando la calle donde trabajo tiene todos los aparcamientos vacíos. Nada más la primera bocanada de aire es nauseabunda, es más bien un puñetazo en el estómago. El aire durante todo el trayecto huele a escombrera, a solar abandonado y el camino se encuentra jalonado por cadáveres en distinto grado de descomposición, meses y meses –aún es más nauseabundo si se trata de los meses de verano-, en los que los pobre animales : perros, gatos, zorros y alguno que queda tan destrozado que ni se sabe qué es, yacen y se descomponen día tras día sin que nadie los recoja. No es normal. Esto parece una alegoría, esta ciudad y muchas como esta se está descomponiendo y nadie se preocupa ni ocupa de ello. Locales vacíos, calles sucias, contenedores rotos a rebosar, olor a descomposición. ¿Pueden que sean los efluvios de la sociedad del bienestar al evaporarse?    

miércoles, 5 de marzo de 2014

El oficio más antiguo del mundo

¿Qué habría pasado si todo hubiera sido distinto?
A veces repaso y pregunto qué pasos son los que nos han llevado a cada uno hasta el final de alguna de las etapas más importantes de nuestra  vida, la contestación parece obvia: todos, uno tras otro, nos han traído hasta donde hemos llegado, pero yo me refiero a las decisiones, a aquellas que para bien o para mal, tomadas en mejores o peores momentos, de forma más o menos pensada, han hecho de nuestra vida y de nosotros lo que somos, y aquí entran hasta la decisiones que decidimos no tomar.
Indudablemente dependemos de nuestras decisiones… 
Pero...¿De verdad somos nosotros los que decidimos, o son las circunstancias las que nos llevan de la mano por caminos que creemos escoger…? 
No, no voy a adentrarme en cuestiones tan elevadas como el libre albedrío, ni a cuestionar la habilidad de cada quien para tomar sus propias decisiones. Sólo trato de ser un poco más consciente de las cosas que me suceden y porqué me suceden, y aunque sería mejor evitar odiosas comparaciones, no puedo pasar por alto la impresión que siempre he tenido de que hay quienes la vida favorece más, digamos que siempre me ha parecido que la vida-como una mala madre-, tiene hijos predilectos  a los que consiente y facilita las cosas.
Yo no lo fui...o no lo soy, pues sigo en la gran familia de los vivos y aunque tal vez deba felicitarme por el logro de la supervivencia no soy de las que se conforman con el solo hecho de estar viva, siempre aspiré y sigo aspirando a sentirme viva, pero todo me cuesta muchísimo esfuerzo. 
Tengo una frase que en ocasiones como esta me gusta sacar a pasear, aunque hasta hoy no me ha llevado a ninguno de los paraísos a los que me propuse llegar, a veces me digo: “esfuérzate al máximo y cuando lo hayas conseguido di en voz alta ¡lo sabía!...”
Bien, pues he conseguido cumplir la primera parte, la de esforzarme, pero aún me queda por experimentar de manera concluyente, el triunfalismo de la segunda, aunque a veces he acabado diciendo “lo sabia…” pero con los hombros y la comisura de los labios caídos. 
A falta de ese favoritismo vital, intento esforzarme en todas las facetas de mi vida.
Tantos años detrás de un mostrador han hecho de mi una parte de lo que soy y no me refiero profesionalmente, comprar-vender, son actividades muy difundidas aunque no siempre en ese orden y de forma correlativa, porque todos somos vendedores, nuestros propios vendedores y, depende de lo bien que ejerzamos en las distintas facetas de la vida ese oficio (que si que es el más viejo del mundo) así nos va.
Para vender hay que venderse, para que alguien te compre alguna cosa -por nimia que sea-, tiene primero que “comprarte” a ti y en eso se nos gasta la vida.
Luego esos gestos, esos pasos, esas pequeñas o grandes decisiones, van conformando una biografía, tal vez compartida por cualquiera aunque su oficio no sea el de vender o eso crea.
 Por: Mercedes Moya 

viernes, 28 de febrero de 2014

Más que trasparente invisible.


"Si tu no vienes yo también me iré” 

Fue esta una curiosa y localizada campaña  para concienciar de la necesidad de comprar en el comercio tradicional.
La idea se gestó en una pequeña tienda de capital de provincia cuyo ideólogo se lo propuso a la cámara de comercio de su ciudad  pero la idea no fue bienvenida,  la cámara de comercio de aquella ciudad quiere presumir de ser trasparente, tanto que ni se ve, resulta invisible. 
A lo mejor en alguna foto conveniente de feria de muestras agrícolas y nada más. Lo que no se les ocurra a ellos sencillamente lo ignoran, ellos se suponen que “están para el comercio pero sin el comercio”. 
Y sin comercio se van a quedar, por la cantidad de tiendas que están cerrando 
El caso es que a este comerciante se le ocurrió imprimirlo y pegarlo en su escaparate, una de sus  vecinas de local, que tiene tres tiendas de bisutería diseminadas por la ciudad, le pidió que le diera tres fotocopias del cartel. El de la ferretería,  una tienda de zapatos infantiles, otra de música, y una concienciada dependiente de una cadena de perfumería le habló de la idea a sus jefes y vino a pedirle al aquel pequeño comerciante si le podía pasar el archivo jpg para sacar copias para todas las tiendas de la cadena y así poco a poco se fueron pasando el cartel unos a otros extendiéndose y lució durante una larga temporada en una gran cantidad de comercios de la ciudad.

Qué buena ocasión perdió la Cámara de apoyar al  comercio y como sucede en las ciudades pequeñas corrió la voz de que la campaña (sencilla y barata) había sido rehusada por la Cámara y quedó la impresión de que este es un organismo inútil que al pequeño comercio ni le escucha, ni le apoya ni le sirve para nada.
Rompo una lanza a favor de otras Cámaras de Comercio que tienen iniciativas y vida más allá de sus oficinas. 

jueves, 20 de febrero de 2014

La calidad por encima de la cantidad

Kirche von UbriqueDespués de décadas de retroceso y declive las marcas de lujo han vuelto a Ubrique, el pueblo de la sierra de Cádiz, firmas como Balmain, Nina Ricci, Christian Dior, Givenchy, Montblanc y las que habían bajado su producción en este pueblo, -Ubrique- al mínimo, como lohicieron Loewe y Carolina Herrera y además han adquirido nuevos fichajes como Prada.

Como dato curioso y para reflexionar es el de que los nuevos ricos de China, India, y demás naciones emergentes, no quieren que los productos de lujo que adquieren estén fabricados en sus propias tierras. 
 El 'made in China' se ha convertido en sinónimo de baja calidad y producción masiva que no gusta a los nuevos capitalistas del eje Asia Pacífico, taller
La competencia de los países del tercer mundo, hoy convertidos en emergentes ha dado al traste con muchos sectores de la economía española debido a la pérdida de empleo e industrias, textil, calzado, etc por la ventaja, de la mano de obra barata e imposible de compensar, pero parece que trocar los procesos de deslocalización puede ser posible , volviendo a reubicar la producción en nuestro mapa.

museo-de-la-piel
En Ubrique, , pueden presumir de haberlo conseguido , han conseguido que la producción de lujo se “re-Ubrique”. ¡Bravo por ellos! «Las grandes firmas han hecho cuentas y han visto que no les compensaba la producción en Asia. Aquí les sale más rentable y es más seguro, además nuestra relación calidad-precio es superior incluso a la de países de nuestro entorno, como Francia, Alemania, Italia o Portugal. Somos más competitivos». 
Afirma José Pulido presidente de los empresarios de la piel de Ubrique ¿Un comienzo? Ojalá que sí. 

 Incluso el camino más largo comienza con el primer paso.
kaliman